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Humedades: una historia demasiado común

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Podríamos recoger miles de testimonios de personas luchando contra las humedades. Escribir sobre todos sus problemas y cómo, de un modo u otro, consiguieron deshacerse del mal de las humedades. Tendríamos que dedicar una serie de post solo con este fin. Pero preferimos ceñirnos a historias verídicas, que se podrían haber solucionado de un solo golpe.

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Es un caso común. Un edificio de viviendas que, en plena construcción, se encuentra con problemas de solvencia y, como suele pasar demasiado a menudo, se empiezan a sumar problemas en el edificio sin que los inquilinos sepan demasiado.

Es en el momento que empiezan a llegar los primeros habitantes cuando los problemas salen a la luz. Y, como no podía ser de otra manera, las humedades, y todas sus desagradables consecuencias, son las primeras en llegar.

Al principio son las manchas y los malos olores. Problemas menores, pero molestos. Problemas que empañan nuestro día a día y que hacen de nuestro hogar un lugar menos apetecible. La primera solución que nos viene a todos a la cabeza es buscar  en internet. Un lugar lleno de consejos, de buenas intenciones, pero también de falsas soluciones que no pueden atajar la magnitud de ciertos problemas.

Todos conocemos la solución del bicarbonato para eliminar los malos olores de nuestro frigorífico cuando se nos ha olvidado por completo aquella cebolla en mal estado. Un poco de bicarbonato diluido y por arte de magia los olores desaparecen al cabo de unas horas. Cualquiera, en este caso, sabe que si la cebolla no acaba en la basura (y está en el contenedor de desechos orgánicos) los olores no tardarán en volver.

¿Por qué entonces nos limitamos a eliminar el olor a humedades en nuestro hogar, sin buscar su origen?

Más tarde, cuando creemos tener controlados manchas y olores, aparecen ellas: las cucarachas. Las odiamos, nos repugnan y lo primero que hacemos es ir a buscar esos productos que acaban con ellas en un santiamén. Listo. Terminada la amenaza, podemos volver a nuestro sofá con la seguridad de que estamos a salvo tras nuestro bote de insecticida.

Pero también sabemos que las cucarachas se sienten atraídas por las humedades, y si han llegado una vez a su paraíso personal, ¿por qué no lo pueden volver a hacer?

Si nos gusta una playa y su chiringuito, volvemos. Solo si la playa se abarrota, o desaparece el restaurante amado, pensamos en buscar otras costas.

¿Por qué entonces no tratamos de eliminar el lugar de veraneo de estos indeseables insectos?

Y finalmente, cuando todo lo demás sigue sin funcionar, aparecen las grietas. Caminamos por el pasillo y vemos los regueros de polvo blanco que indican que el techo ha empezado a desprenderse. El agua, empujada por la capilaridad de los materiales, ha llegado a la estructura.

Solo nos queda recurrir a las administraciones públicas y los medios de comunicación para buscar una solución de emergencia.

No hace falta que pongamos nombre y apellidos de historias como estas, porque todos conocemos alguna.

Nosotros no nos dedicamos a construir casas, pero podemos hacer que las humedades desaparezcan de una vez por todas, sin que afecten a la integridad de tu hogar y la seguridad de tu familia.

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