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Sales y humedad: ¿Mito o realidad?

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¿Quién no tiene la imagen de la típica bolsita de sal en las cajas de los zapatos recién comprados?. Estas pequeñas bolsas se utilizan para evitar que la humedad malogre nuestro nuevo y flamante calzado. De un modo similar, la sal lleva utilizándose, como otros tantos remedios caseros, desde hace tiempo como solución a los molestos problemas que generan las humedades en las viviendas.

¿Cuánto de ciencia y cuánto de mito contiene esta solución?

Sales y humedad

En el mercado podemos encontrar una serie de sales antihumedad que, basándose en algunas propiedades de las propias sales, han ido un poco más lejos. Este tipo de sales tienen una gran capacidad de atracción y absorción de agua, y ayudan a reducir la humedad relativa del aire. Eso permite que el lugar donde coloquemos un recipiente con estos productos vea reducida la humedad presente en el aire y nos otorgue una falsa sensación de salubridad, pero, ¿soluciona eso el problema de la humedad?.

Las humedades pueden aparecer por diversos motivos: condensación, filtraciones o capilaridad. En todos los casos la utilización de sales antihumedad solo supone un parche al verdadero problema: el origen de la humedad.

¿Si hay agua filtrándose desde el piso del vecino, las sales solucionan el problema? ¿Si la humedad ha ascendido por capilaridad desde el suelo, las sales solucionan el problema?

En ambos casos la utilización de estas sales únicamente conseguirá aliviar el inconveniente de la humedad de manera temporal y peligrosa, tanto para nuestros bolsillos (teniendo que reponer nuestras reservas de sal cuando se acaben), como para nuestra comodidad, ya que al no utilizar una solución definitiva nos podemos encontrar con problemas futuros en la estructura de nuestra vivienda (y terminar siendo algo mucho más grave y costoso).

Además el uso de estas sales, aunque no tóxico, puede ser pernicioso para la salud, ya que son productos altamente irritantes que al contacto con nuestras mucosas pueden resultar perjudiciales. También, el polvo derivado de su uso puede ser problemático para nuestras vías respiratorias.

¿Entonces no hay ninguna solución práctica a un problema de humedades?

Es fácil convencerse por soluciones mágicas o baratas que podemos encontrar en cualquier supermercado o en los estantes de nuestra cocina. Al igual que es fácil dejarse llevar por los consejos de gente, que en su afán por ayudar, nos ofrece remedios milagrosos y rápidos a nuestros problemas con la humedad, pero en definitiva y, como pasa con casi cualquier dificultad, atacar el origen es la mejor de las soluciones. Detectar la fuente de la humedad y tratar de proponer una respuesta, es la mejor vía para solucionar este tipo de situación, salvaguardar nuestro bolsillo y protegernos ante alergias, malos olores o graves problemas de salud.

Acudir a la ayuda profesionales formados y capacitados, nos ofrecerá la mejor solución a nuestros problemas de humedades y nos evitará tener que recurrir a métodos caseros de dudosa fiabilidad o a productos químicos que solo suponen un parche y que pueden generarnos otras dificultades añadidas.

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