Recientemente un informe emitido por Ecologistas en Acción y elaborado en colaboración con la Fundación para la Biodiversidad no ha dejado lugar a dudas: prácticamente la totalidad de los españoles respiramos aire sucio. Más concretamente, 44 millones de personas en nuestro país, un 94% de la población, está expuesto a niveles de polución tan altos que suponen un alto riesgo para la salud. Es más, este estudio cifra al año casi 20.000 muertes prematuras causadas por la pésima calidad del aire que respiramos. Dicho de otra forma, la atmósfera contaminada provoca diez veces más fallecimientos que los accidentes de tráfico.
Teniendo en cuenta estos datos, apoyados por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, miembro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), quien ha señalado además el aire contaminado como una de las causas de los cánceres humanos, principalmente en los que atacan a los pulmones a la vejiga, parece que va siendo hora de tomar conciencia medioambiental y contribuir con nuestros actos diarios a mejorar la calidad del aire que respiramos. Al fin y al cabo es nuestra salud y la de los nuestros la que está en juego. Quizá sea el momento de aparcar los coches y sacar la bicicleta o incluir al transporte público en nuestra vida cotidiana.
Aunque no todos estamos expuestos a la peligrosidad del aire contaminado de la misma forma. Hay colectivos más vulnerables que otros; este es el caso de los bebés, los ancianos o los pacientes de enfermedades respiratorias. Para ellos, el riesgo no está sólo en la calle. A veces, el ambiente de nuestro hogar nos perjudica tanto o más que el del exterior. Por ejemplo, las poblaciones de moho en las viviendas pueden llegar a ser tan problemáticas como la emisión continua de CO2 de los coches. Más aún cuando hablamos de personas que sufren asma, bronquitis o rinitis. Este es el caso de los bebés, en torno a los cuales se ha demostrado la relación existente entre estas enfermedades y el exceso de humedad en el ambiente, que genera aire contaminado. Las cifras de nuevo nos ponen en alerta: alrededor del 80% de los niños con padecimientos como el asma desarrollan su vida en lugares demasiado húmedos. Lo que viene a decir que estos pequeños están respirando aire tóxico.
En la calle, de manera individual, con pequeños gestos diarios, difícilmente podremos llegar a controlar los niveles de polución dañinos para la salud; se necesita una aportación continua y extendida entre toda la población. Sin embargo, en nuestra casa sí que podemos limpiar la atmósfera para poner a salvo la salud de los nuestros. Volviendo a la relación entre el exceso de humedad y la proliferación de enfermedades respiratorias, controlar los niveles de humedad en la vivienda puede ser el medicamento más eficaz para minimizar los síntomas del asma, la bronquitis o la rinitis. En este caso, los mejores doctores los ha reclutado Murprotec, quienes saben bien cómo poner tratamiento definitivo a estas dolencias.