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La cornisa Cantábrica y los problemas de humedades.

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La humedad relativa es una de las variables ambientales que más pueden llegar a afectar a nuestra salud. Unos valores dentro de la normalidad, oscilarán entre en 40% y el 60%, pero si nos fijamos en la región Cantábrica, podremos observar que estos valores pueden ascender hasta el 80%, generando situaciones de peligro tanto en las infraestructuras, como en la salud de sus habitantes, si no se disponen de elementos de detección, seguimiento y control adecuados.

Grandes contrastes de temperatura, lluvias abundantes o presencia excesiva de agua en el subsuelo son algunos de los desencadenantes que pueden provocar la aparición de diversos problemas en nuestras viviendas y locales. Y en lugares como Asturias, País Vasco o Cantabria conocen muy bien este tipo de situaciones.

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Las humedades por capilaridad pueden convertirse en uno de los problemas más comunes en ciertas estancias de los hogares de estas provincias, como plantas bajas, sótanos o garajes. También puede afectar de una manera notable a edificios antiguos.

Como ya hemos visto, una de las características principales de las ciudades ubicadas en la cornisa Cantábrica son sus grandes precipitaciones, que si bien es cierto se concentran durante el otoño e invierno, no se libran otras estaciones como la primavera y el verano. Por ello, en muchas ocasiones, y si no se pone un remedio definitivo y eficaz, pueden dar lugar a este tipo de humedades tan molestas y desagradables.

Pero, ¿en qué consiste la humedad por capilaridad?

La capilaridad es una propiedad de los líquidos ligada a su tensión superficial, que le confiere la capacidad de subir o bajar por un tubo capilar. Esto le da posibilidad de vencer la fuerza de la gravedad y poder llegar a alturas donde pueda convertirse en un problema real. Traducido a efectos prácticos, quiere decir que las aguas acumuladas en el subsuelo, pueden ascender hasta las paredes de nuestros hogares.

Los muros de los edificios tienen una gran capacidad de absorción del agua subterránea, y esta se filtra por ellos como lo haría por una esponja. Un edificio puede absorber más o menos agua en función de la porosidad y la permeabilidad de su estructura. Además y debido a su procedencia, este tipo de aguas, llevan incorporadas sustancias salinas que al subir, se evaporan y cristalizan, provocando diversos tipos de problemas.

Y esto sucede porque se ha llegado al límite de su saturación y no pueden absorber más agua, apareciendo así algunos de los síntomas más comunes en este tipo de humedades, como pueden ser la aparición de salitre y moho en las paredes, caídas de pinturas, daños continuos en las instalaciones eléctricas o diversos problemas de salud.

Al tener esta zona, unos grandes cambios de temperaturas, en muchas ocasiones también podrán presentarse las humedades por condensación. Regueros de agua en nuestras ventanas, cristales empañados o manchas de moho en nuestros muros, serán algunos de los primeros síntomas que podrán darse.

Pero todos estos problemas, pueden tener solución si actuamos a tiempo. Y aunque la zona norte de España pueda parecer un lugar propicio para la aparición de humedades, también es posible olvidarse de ellas, independientemente del clima o la zona donde vivas. Sólo es cuestión de observar y al primer síntoma, contar con un grupo de profesionales, que sean capaces de detectar el origen de las humedades que afectan a nuestro hogar, además de hacer un diagnóstico eficaz, para dar con la solución total que elimine de raíz todas nuestras preocupaciones.

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